divendres, 3 de juny de 2016

11- Ventanas, Una, 2016

No era capaz de bajar las persianas. Todo se quedaba a oscuras, con el silencio que el carácter símico de la ciudad ofrecía y me perdía entre las geometrías de los edificios enmarcados en el monopolio neoracionalista. Geometrías perfectas para albergar personas descompuestas, vidas errantes, cárceles de pladur y algodón de azúcar. De un tiempo a esta parte, me venían fascinando las ventanas, me abstraía imaginarme mirando por todas ellas, algunas desde dentro, tantas otras desde fuera, entender las profundas raíces de las faltas y las culpas, de las sonrisas a medias y del hombre que contra pronóstico murió anoche atragantado por su propio corazón. Aprendí a dormir con la luz de las farolas profanando los preludios de mis sueños, aprendí a dormir sin mayor pesar que el de cualquier otra que no se atreviera a bajar las persianas, contaminada de ciudad, nutrida de ciudad y con los preciosos sueños frustrados. De algún modo, con las persianas abiertas, te sobrevuelo.